Ella era una niña cuando visito el santuario del amor, entre rosas blancas y
rojas bailaba al compás de una melodía creada por el viento; los viejos
robles se agitaban mirando hacia el cielo, sobre el césped volaban
mariposas multicolor.
La niña creció y una casa construyo cerca del santuario, al que visitaba
cada día y noche.
Pero un día todo cambió, el cielo se nubló y el agua destruyo las flores de
pétalos abiertos, uno a uno fue cayendo hasta convertirse en polvo, polvo
que con el tiempo se perdió en el olvido.
El santuario del amor, pronto fue una cripta abandonada entre tumbas y
flores marchitas. La mirada de ella cambió y todo aquello que amaba moría en
sus manos.
Fantasmas y horribles criaturas la visitaban ofreciendo su compañía a cambio
de su poder, pero ella siempre quiso estar sola, encerrada en su casa pasaba
las horas creando adornos y muñecos como compañía.
Hablaba y bailaba con ellos, reía y lloraba, pues eran los únicos que podían
amarla, eran los únicos que no podían morir entre sus brazos fríos.
Visitaba la plaza para narrar historias actuadas por sus muñecos, historias
fantásticas, historias de amor, historias de horror, todas ellas le daban
vida a sus muñecos.
La gente le llamaba “la dama del sombrero negro”, pues siempre llevaba un
sombrero que le cubría los ojos y solo su sonrisa de cristal se le asomaba.
La gente le aplaudía y los niños le mandaban rosas, las cuales al instante
se marchitaban; un día alguien la miro y este murió de tristeza y desamor.
El tiempo la consumió y su recuerdo se quedo dentro de la casa que
habitaba, la cual ya nadie visitaba. Decían que sus muñecos tenían
vida, decían que su alma se quedo encerrada en uno…
Ella es al fin una con ellos, pues dejarían de moverse si su alma se hubiera
ido lejos, por eso la mantienen eterna y bella encerrada en un cuerpo de porcelana.
Ella no se atreve a mirarte, pero tu si puedes mirarla….
solo si tienes el
valor de comprender a la muerte decidle que se quite el sombrero…
pero si
quieres que te mire a los ojos demuéstrale que tienes el valor de amar…
y
seguramente, en ves de darte muerte te dará vida...